Cerro Campanario
Argentina

2 días en San Carlos de Bariloche

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28 febrero, 2019

San Carlos de Bariloche, o simplemente Bariloche, es la ciudad más turística de Argentina. Y no es para menos que un millón de turistas, principamente sudaméricanos y europeos, la visiten cada año. Se encuentra en la Patagonia y goza de un entorno privilegiado en el que disfrutar de lagos, bosques, montañas y… chocolate!! Vamos, un paraíso en toda regla y un lugar dónde quedarse. Te contamos que hacer en Bariloche en 2 días.

Día 1

Como escribimos en el post anterior, tras 23 horas de bus desde El Chaltén hasta San Carlos de Bariloche, ya pisábamos nuestro nuevo destino.

Llegamos a última hora, así que fuimos directos hasta nuestro alojamiento, Universal Traveller’s Hostel, que encontramos por Booking y nos costó 27€ una habitación privada con cama matrimonial y baño compartido. El desayuno estaba incluido, y podíamos usar la cocina y zonas comunes, incluida una piscina climatizada. Estaba genial, vamos. Aquí sólo estaríamos una noche, porque habíamos encontrado algo más barato para el resto de noches, pero recomendamos mucho el sitio, tanto por ubicación como por servicios y amabilidad de la recepcionista.

Esa noche solo salimos para cenar algo, pero había partido de fútbol y parecía que todo estaba abarrotado, así que acabamos comiendo en la cervecería Antares, donde pedimos una tabla de embutidos y tapas para compartir, junto con un par de cervezas artesanas.

Al día siguiente caminamos hasta el centro y cogimos el bus 20 (¡la tarjeta SUBE sirve también en Bariloche!) que nos llevaría por unos 27$ hasta el km 17 y desde ahí subimos caminando al Cerro Campanario, cuya cumbre está a unos 1.050 metros sobre el nivel del mar. El ascenso dura unos 40 minutos por un sendero arenoso que atraviesa el bosque, y el que lo prefiera puede llega a la cima en una aerosilla, que cuesta la friolera de 330$, casi 8€ por 5 minutos de subida…

Cerro Campanario

El único pero que pondríamos es que, entre el teleférico y la confitería que construyeron en lo alto, el lugar está algo masificado.

Aun así, las vistas de los lagos y cerros son impresionantes.

Después quisimos ir hasta el cerro Llao Llao, cuando nos dimos cuenta de que no teníamos crédito en la SUBE… Aprovechamos para decir que la tarjeta te da un margen de crédito negativo de hasta unos -40$, y que mucha gente, cuando ya ha llegado a este nivel o no lleva la tarjeta encima, sube al bus, pregunta quién puede pasarle la suya a cambio de darle en dinero en efectivo. Pero aquí los nómadas no llevaban ni dinero en encima ni más saldo en la SUBE, así que nos tocó caminar unos 2 km de carretera, hasta el 19, donde estaba el kiosko más cercano.

Desde allí volvimos a subirnos en el bus 20 para llegar a la última parada, Puerto Pañuelo (más conocida como Hotel Llao Llao), a unos 500 metros de donde comienza el camino que te llevará a la cima del cerro Llao Llao. El camino no es el mejor señalizado del mundo… Así que recomendamos que si no tenéis tarjeta chip con Internet en el móvil (como nosotros), salgáis de casa con los deberes hecho de cómo llegar, o preguntéis al personal del mismo hotel.

El camino dura 1 hora y 15 minutos aproximadamente, la mayor parte en ascenso, y con un desvío a la mitad del camino hacia Villa Tacul, con su preciosa playa a la que nos quedamos con ganas de ir. Al llegar a la cima, hay una enorme piedra desde la que se ven las impresionantes vistas de los lagos.

Cerro Llao Llao

Creemos que, si solo pudiésems haber visitado un cerro, sería el Llao Llao, por estar menos masificado.

De allí ya volvimos directos al centro, para recoger nuestras mochilas e ir a nuestro nuevo alojamiento.

Esta vez estábamos un poco más alejados, e el km 3.5, a poco más de 10 minutos en bus del centro. Nos quedaríamos en casa de Vilma, nuestra anfitriona de Airbnb, por 22€ la noche. No nos cansaríamos de recomendarlo. Ella es encantadora y tiene una casa preciosa con vistas al lago. Cierto es que para llegar hasta allí te esperan 8 minutos a pie de subida empinada, pero no lo cambiaríamos por otro sitio. ¡Ojalá hubiésemos podido quedarnos más!

Día 2

Con el solazo que hacía en esta ciudad, y la envidia que nos había dado la gente que vimos en los lagos mientras nosotros íbamos en el bus… No lo dudamos. Nos tiraríamos al sol en alguna de las playas.

En San Carlos de Bariloche no hay mar, pero los lagos hacen la misma función, y hay muchas orillas en las que ponerte a tostar bajo el sol y disfrutar del agua. Vamos, que es rollo playa total.

No queríamos ir lejos, porque aunque sabíamos que la costa más bonita no estaba cerca, no nos apetecía volver a pasar una hora de pie en esos buses que van más abarrotados que la Línea 5 del metro de Barcelona a las 8 de la mañana…

Nos decidimos por Bahía Serena, en el km 12, y tuvimos la suerte de que, al preguntarle a una pareja por el autobús que llevaba hasta allí, se ofrecieron a llevarnos en su coche.

Bahía Serena

La playa es pequeñita, con arena gordita y bastante espacio con sombras en las que esconderse cuando el sol pica. El agua está muy limpia aunque bastante fresca, y el ambiente es muy tranquilo y familiar.

Allí pasamos la mañana, leyendo, escuchando música y disfrutando de un ratito de relax.

Comimos también por allí y después volvimos hasta el centro para visitar los principales atractivos.

Caminamos por el bonitoCentro Cívico, donde nos encontramos delante del Ayuntamiento con varios señores que llevaban perros San Bernardo, listos para sacarte una foto y cobrarte después… Se ve que es algo típico de aquí.

Ayuntamiento de San Carlos

También vimos una pequeña feria de artesanía y nos encontramos una figurita de Dobby, el elfo doméstico de Harry Potter, que aun no sabemos que hacía perdido por allí.

Entramos a la Iglesia Catedral «Nuestra Señora del Nahuel Huapi», un edificio neogótico y muros de piedra blanca , con un aire medieval que nos gustó mucho.

Por último, paseamos por la calle principal, Mitre, donde encuentras una chocolatería por manzana (o cuadra) como mínimo, y en casi todas te dan a probar sus exquisitos dulces. Nos habían dicho que teníamos que comer chocolate en rama y la verdad es que entre unas cosas y otras, no compramos nada, pero lo dejamos aquí por si alguien se anima. Todo tiene una pinta exquisita.

Chocolaterías en Bariloche

A lo que no pudimos resistirnos (¡qué previsibles somos!) es a un helado… Fuimos a Rapanui, y nos pedimos, para variar, una tarrina de medio kilo para compartir de dulce de leche Rapanui (con láminas de chocolate amargo, brownie y nueces), dulce de leche casero (elaborado con leche de cabra y un sabor súper suave y cremoso) y banana split (crocantes de chocolate y dulce de leche). No tenemos palabras para describir lo bueno que estaba todo eso. ¡Qué arte tienen los argentinos para hacer helados y qué exquisito su dulce de leche, por dióh!

Para rematar, cenamos en la terracita con vistas al lago de casa de Vilma. ¡Cuánta paz!

Vistas desde casa de Vilma

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