Argentina

2 días en Tilcara

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12 abril, 2019

Tilcara es un pueblo situado en la provncia de Jujy, al norte de Argentina. Debe su nombre a los ticara, antigua etnia de los omaguaca que habitaba la zona. A nosotros nos encantó su estilo colonial y sus calles sin asfaltar que te trasladan a otra época. En sí, la provincia de Jujuy está repleta de lugares que visitar, y Tilcara puede servir como campamento base para desplazarte por la zona. Nosotros pasamos 2 días y vamos a contarte que hacer.

Día 1

Después de despedirnos con penita de Miguel y Lila, cogimos el bus hasta la Terminal de Ómnibus de Salta y nos acercamos, felices, hasta la boletería de Balut, la empresa con la que viajábamos hasta Tilcara.

La felicidad nos duró hasta que el poco amable hombre que trabaja allí nos dijo que el billete electrónico no era válido, que teníamos que imprimirlo y él no trabajaba en una copistería; que nos buscásemos la vida.

A todo esto hay que decir que era sábado. Vamos, que después de preguntar a varias personas de la terminal y que cada uno nos enviara a un sitio distinto, acabamos cargando con nuestras mochilas y nuestra angustia, buscando un sitio, que no encontramos, donde imprimir los billetes.

Al ver que no había un sólo sitio abierto, regresamos a la terminal y nos acercamos hasta la oficina de Europcar, donde veíamos una impresora. Habían 2 chicos allí. Uno se mostró bastante reacio a ayudarnos. El otro en cambio, nos resolvió el problema con una sonrisa y gracias a él, y a nadie más, pudimos tomar el bus con nuestro billete impreso y ganas de matar al de la boletería.

El trayecto duró 3 horas y 40 minutos, lo cogimos a las 10:30 de la mañana y llegamos a las 14:10, y nos costó 440$/8€.

De la Terminal de Omnibus de Tilcara a nuestro alojamiento había unos 10 minutos a pie. Nos quedábamos en el Hostel Posada las Pedras, de Rodolfo, que encontramos por Airbnb y nos costó 35€ las dos noches.

Tilcara

Era una habitación en una casa compartida sólo por los huéspedes, con una cocina grande, un enorme patio donde siempre daba el sol y dos baños. En total creo que había 5 habitaciones, pero en toda la estancia sólo nos cruzamos con una pareja francesa, y nunca coincidimos con nadie en la cocina ni en los baños. Así que estábamos tranquilos y muy a gusto. Además la habitación era muy espaciosa y limpia. Tuvimos algunos problemas con el agua caliente de la ducha el último día, pero Rodolfo lo arregló. Lo recomendamos mucho.

Tras dejar las mochilas fuimos a la Plaza Coronel Manuel Álvarez Prado, la principal de la ciudad, y encontramos un restaurante que ofrecía menú por 180$/3,70€ que incluía empanada, bistec de ternera con guarnición y arroz con leche (la versión argentina es leche con arroz tal cual y una cucharada de dulce de leche). La comida estaba buena y el camarero era amable. Lo que no nos gustó tanto fue que nos cobrasen el cubierto, que la cerveza fuese tan cara como quisieron, y que al pagar con tarjeta (después de 20.000 intentos porque la máquina no le funcionaba bien) nos cobraran un 5% de comisión. Creemos que son cosas que no está de más avisarlas.

Por la tarde aprovechamos para lavar ropa a mano (primera vez que nos tocaba hacer esto en más de dos meses de viaje) y organizar un poco el resto del trayecto. Compramos también comida para cenar, desayunar y preparar un tupper para el día siguiente.

Día 2

Nos levantamos pronto y cogimos un bus en la Terminal de la empresa Evelia que nos llevó hasta Purmamarca en menos de media hora, costándonos 30$ cada uno.

Purmamarca

Purmamarca, que en aimara significa «ciudad del desierto», es un precioso pueblecito, tal vez un poco demasiado turístico pero con mucho encanto, lleno de mercados artesanales, coloridas casita de adobe y polvo, mucho polvo (gracias a las calles de tierra y el viento que sopla). Está ubicado a los pies de una montaña a 2.324 metros de altura.

Caminamos hasta el Cerro el Porito, un mirador ubicado al final del pueblo, a menos de 20 minutos a pie, donde abonas 10$ para subir, y es un perfecto mirador hacia el Cerro de los Siete Colores, el mayor reclamo turístico de Purmamarca, una deslumbrante formación rocosa que muestra una gran gama de colores, como su nombre indica, debido a sedimentos marinos, lacustres y fluviales que fueron depositándose en el macizo durante siglos. Un regalo para la vista.

Cerro de los Siete Colores

Continuamos para seguir por el Paseo de los Colorados, una preciosa y fácil caminata de unos 3 km de longitud, en la que pasas en medio de cerros y formaciones rocosas con paredes de diferentes colores y tonalidades, donde predomina el rojizo y el paisaje árido. Una auténtica belleza muy diga de ver.

Paseo de los Colorados

Ya de vuelta en el centro, después de pasar por el Cementerio de Purmamarca y ver la fachada de la Iglesia de Santa Rosa de Lima (no pudimos entrar porque ya estaban cerrando las puertas), llegamos a la Plaza 9 de Julio, el centro de convergencia de actividades del pueblo.

Desde allí cruzamos la ruta y el río, y subimos un trocito del Cerro Morado, desde el que se vuelve a tener una panorámica del Cerro de los Siete Colores, pero esta vez con Purmamarca a sus pies.

Panorámica desde el Cerro Morado

Visto todo esto, pensamos que ya teníamos mucho más por hacer en el pueblo. Hay chicos que ofrecen excursiones a las Salinas Grandes, y estamos seguros de que tiene que ser una pasada, pero al nosotros planear visitar el Salar de Uyuni, es tiempo y dinero que preferimos ahorrarnos.

Comimos nuestros tuppers, como niños buenos, sentados en la terminal de bus (y pensando en qué cojones hacíamos comiendo eso, con lo baratos que son los menús del pueblo) y volvimos a Tilcara.

Esa noche nos dimos un capricho y fuimos a cenar al restaurante Arumi Cocina de Autor. Pedimos como entrante queso de cabra a la plancha con chutney de frutas y hojas verdes, y como platos principales cazuela de llama (nos daba cosilla probar la llama pero… ¡está buena! Muy parecida a la ternera, pero igual un poco más seca) y lasaña de cordero. Los precios pican un poco, no os vamos a mentir, pero fuimos hasta allí para conocer a Lalo, el que sería nuestro siguiente anfitrión, que trabajaba en el restaurante algunos días se la semana.

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