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3 días en Cafayate

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12 abril, 2019

Si te gusta el vino, disfrutar de paisajes inéditos y comer bien, Cafayate es tu lugar. Situado al norte de Argentina, Cafayate se encuentra en los valles Cachaquíes. Su principal reclamo es La Quebrada de las Conchas, uno de los lugares más hermosos que hemos visitado en nuestro viaje por Sudamérica. Te recomendamos que hacer en Cafayate en 3 días.

Día 1

Tras despedirnos de nuestros anfitriones, caminamos 20 minutos hasta la Terminal de Bus de Santiago de Tucumán y cogimos un bus a las 12:00 que nos dejaría a las 17:00 en Cafayate. Pagamos 510$ / 11,20€ a la empresa Aconquija (la única que ofrece este trayecto).

Es el primer viaje en bus que nos deja con la boca abierta. Literalmente. Pasamos por Tafí del Valle, un precioso pueblecito, de un verde que te hace preguntarte si lo que ves es real, plagado de enormes cactus y de praderas con caballos, vacas e incluso vimos alguna llama. Eso sí, es una carretera de curvas, por lo que igual no es apto para todos los estómagos (nosotros justo antes de empezar las curvas decidimos sacar nuestros tuppers… Y al menos Tatiana tuvo que posponer la comida, por evitar males mayores).

Tafí del Valle

La verdad es que nos habían recomendado ir a pasar el día a Tafí y a Amaicha del Valle, pero por tiempo, dinero y logística no pudimos hacerlo. Igual vosotros sí podéis. Creemos que vale la pena.

Nada más llegar a la Terminal de Ómnibus de Cafayate y, después de declinar tres ofertas de alojamiento y tours, uno de estos mismos chicos nos entregó un mapa de la ciudad y nos indicó como llegar al alojamiento porque, ¡sorpresa!, Movistar no tiene cobertura en todo Cafayate… Habíamos recargado nuestro plan para nada.

Tardamos unos 15 minutos a pie hasta llegar al que sería nuestro hogar por dos noches, una casa entera para nosotros, de Airbnb, con un jardín enorme (barbacoa incluida) que nos costaba 34,50€ en total.

Una vez instalados, caminamos hasta la Plaza 20 de Febrero, la principal, donde visitamos la Oficina de Turismo, que se encuentra en la Municipalidad, y dos agencias turísticas, porque todo lo que puede hacerse aquí es a través de un tour. Ir por tu cuenta acaba costando más, pierdes más tiempo y es más que probable que te pierdas.

También fuimos hasta el Mercado Municipal, que para nuestro asombro, abre por la tarde de las 19:00 hasta las 22:00, donde pudimos comprar carne, fruta y verduras, y también nos acercamos hasta «la Última Pulpería», una especie de tienda de ultramarinos que parece sacado del siglo pasado donde, a pesar de la escasa amabilidad del propietario, encontramos nueces súper económicas: 100 gr por 30$. Compramos, por si os quedaba la duda.

Una vez en casa, aprovechando el jardín y la barbacoa, hicimos nuestro primer asado casero. Os parecerá una chorrada, pero… ¡qué ilusión nos hizo! Habíamos comprado vino tinto en una vinoteca cerca de casa, vacío y butifarra en la carnicería, berenjena y ensalada en la frutería, y queso de cabra en la pulpería que comentábamos antes. Oye, la mar de bien que nos lo montamos. Oscar demostró ser un artista también del asado.

Oscar preparando el asado

Día 2

La mañana nos la tomamos con calma. Tocaba poner lavadoras, actualizar un poco el blog y por qué no, tomarnos una copita de vino al blanco al sol mientras leíamos en el jardín.

Después de comer, caminamos hasta Ipuna, la agencia de viajes con las que finalmente habíamos decidido hacer los tours.

Reservamos por 600$ por persona (en todas las agencias piden lo mismo) la excursión a la Quebrada de las Conchas, una de las visitas imperdibles de Cafayate.

Salimos a las 15:00 de la misma agencia, con una van que conducía Ismael, el que sería nuestro guía, e íbamos nosotros y 15 personas más.

En menos de un cuarto de hora el paisaje ya empezaba a ser impresionante.

La Quebrada de las Conchas, también conocida como Quebrada de Cafayate, es una reserva natural ubicada dentro de los Valles Calchaquíes, a 30 km de distancia. Se trata de un hermoso accidente geográfica de formaciones rocosas erosionadas de rojizos colores, ocasionado por movimientos de placas tectónicas.

La primera parada del tour es los Colorados, un fabuloso cañadón con cuevas de arenas rojizas, formado por la erosión hídrica. Una pasada, sí.

Continuamos hasta que Ismael paró la van y paramos unos minutos a contemplar los Castillos, paredes rocosas similares a grandes torres, que cuesta hasta creer que su forma se haya conseguido de manera natural.

Después llegamos hasta la parte más impresionante, la Yesera, unos montículos de arenisca de diferentes tonalidades, producto de la erosión eólica y fluvial de diferentes eras geológicas. Allí subimos hasta un mirador, donde pudimos ver toda la zona. Es una verdadera maravilla.

Desde el mismo vehículo pasamos por delante del Fraile y el Sapo, dos figuras naturales esculpidas en la roca, con una forma que recuerda totalmente a sus respectivos nombres.

Paramos en Tres Cruces, un precioso mirador con vistas panorámicas, donde la magnitud de la quebrada toma su verdadera dimensión.

Continuamos hasta el Anfiteatro, una enorme hendidura en la ladera de la roca, con forma semicerrada, que supera los 20 metros de altura, y tiene la curiosa característica de tener una acústica maravillosa, por lo que al parecer, es utilizada como escenario donde, anualmente, tiene lugar el Concierto en la Montaña. Cuando nosotros llegamos un señor se puso a tocar música folkrórica argentina con un instrumento de viento (ni papa del nombre). Fue un momento mágico.

La última parada del tour era la Garganta del Diablo, que recibe el nombre por su forma, estriada y oblicua, que puede recordar a una tráquea humana. Una vez más, algo impresionante que nos regalaba la naturaleza.

La verdad, fue un tour que nos gustó mucho. Ameno e interesante. Sí es verdad que preferiríamos haberlo hecho por nuestra cuenta, pero si no dispones de coche es imposible, ya que el colectivo sí llega hasta allí, pero debes bajarte en una parada y la alternativa sería ir esperando al siguiente bus, y desde luego, se convertiría en una pérdida total de tiempo y dinero.

Día 3

Nos levantamos bien prontito, dejamos las mochilas recogidas en un rincón donde molestasen, (esa misma tarde cambiábamos de alojamiento, pero el anfitrión nos dejaba guardar el equipaje allí hasta antes de las 15:00), y caminamos hasta la agencia de viajes Ipuna, donde habíamos reservado otro tour más: el sendero de las 7 cascadas del río Colorado.

El precio de esta excursión era el mismo que la del día anterior: 600$ por persona, incluyendo transporte y guía. También tenía la misma duración, sólo que esta vez se haría por la mañana, de las 9:00 hasta las 14:00. Además, si contratabas los dos tours, hacían precio, por lo que en lugar de pagar 2.400$, abonamos 2.200$.

Desde la misma puerta de la agencia, y con un retraso de casi media hora (parece que los españoles no somos los únicos impuntuales), partimos hacia el comienzo de la ruta, en dos taxis diferentes.

Una vez recorridos los 7 km, entre caminos de ripio y baches, llegamos a la entrada, donde Eduardo, el que sería nuestro guía, se presentó.

El camino pintaba muy bien, se comenzaban a ver cactus, paisajes de un color verde intenso, el caudal del río Colorado… Hasta que el guía nos informó (y el que avisa no es traidor), que la caminata transcurriría por un, literalmente, camino de cabras durante 4,5 horas.

Acto seguido, vimos el primer cruce del río y como él, a sus 69 años (yes, ma’am, 69 añazos) saltaba por las piedras mojadas cual cabra montesa.

Llegados a este punto tenemos que reconocer que Tatiana se empezó a poner nerviosa y plantearse su vida, porque habilidad para cruzar ríos tiene poca tirando a ninguna.

El resto del camino bien podría haber sido una vía ferrata, ya que transcurría entre piedras resbaladizas para pasar el Colorado, caminando por los filitos de rocas, pasando un puente de dudosa seguridad… Pero con unos paisajes increíblemente bonitos. Paramos en las siete cascadas, y Eduardo iba ayudando a todos a pasar en los tramos más complicados y narrando curiosidades de la zona y la fauna que íbamos viendo.

Es un trekking muy divertido, complicado a ratos y no apto para todas las edades ni condiciones físicas, pero lo recomendamos mucho (aunque al día siguiente te duela todo el cuerpo).

Al volver paramos a comer en la Plaza 20 de Febrero, en uno de los restaurantes que ofrecía un menú por 200$. No estaba mal, pero tampoco sería un sitio en el que sugeriríamos comer.

Una vez ya alojados en nuestro nueva casa, una habitación privada en casa compartida de Airbnb (que era más bien hostel de la cantidad de gente que había allí), descansamos un rato, que también nos hacía falta, y por la noche salimos a buscar algo de cenar.

Como el alojamiento era uno de esos sitios en los que apetece poco tirando a nada cocinar, acabamos decidiendo en comprar algo ya hecho. Optamos por el clásico argentino, y pillamos una Quilmes 1890 de litro en un súper y fuimos a La Casa de las Empanadas, donde, por 190$ tienes 12 empanadas, ¡y qué empanadas!. Las mejores de Cafayate, sin duda, y no decimos más porque no queremos herir sensibilidades, pero vamos, que estaban tremendas. En especial la Don Coro, hacednos caso.

Qué empanadas tan ricas!!

Además, la señora que atiende, súper graciosa ella, nos dejó comer en el restaurante, y nos trajo dos vasos para que bebiésemos nuestra cerveza. A cambio sólo nos pidió que se la dejásemos probar. Un sitio al que volver, sí señor.

                                          

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Hola! Somos Tati y Oscar. Una joven pareja que un día decidió unir sus caminos con un mismo propósito... Explorar todos y cada uno de los rincones de este maravilloso planeta llamado Tierra

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