Chile

3 días en Chiloé

on
12 abril, 2019

El archipiélago de Chiloé se encuentra en la región de los lagos, al sur de Chile. Los primeros conquistadores españoles que llegaron, lo denominaron la nueva Galicia por su parecido paisajístico a la región española y nosotros corroboramos que así es. Es una región llena de leyendas y misticismo que te recomendamos que descubras por ti mismo. Así que vamos a contarte que hacer en Chiloé durante 3 días.

Día 1

Desde la terminal Tur Bus de Puerto Varas cogimos a las 12:00 un bus por 4.500$/6€ que nos dejaría en Ancud a las 15:00, incluyendo el transbordador que cruza el canal de Chacao. Lo reservamos con la empresa Jac, que, ¡te obsequia con un 10% de descuento si lo compras online!

Elegimos Ancud como «campamento base» porque habíamos leído que era una de las ciudades más bonitas e importantes, y la verdad que no nos paramos a investigar mucho… Si lo hubiésemos hecho, habríamos reservado alojamiento en Castro, capital de la Península que, si bien es cierto que no tiene más encanto que la primera, al menos está ubicada en mitad de la isla, y es mucho más fácil recorrer Chiloé desde allí, porque todo queda más a mano. Pero bueno, ¡pa la próxima ya lo sabemos!

Desde la terminal de buses caminamos unos 15 minutos hasta casa de Patricia, nuestra anfitriona de Airbnb. Gracias a un descuento conseguimos una habitación privada en su casa 4 noches por 120€. La ubicación era inmejorable, y aunque la limpieza dejaba que desear, tanto la casera como su familia y el resto de huéspedes eran encantadores.

Para comer, siguiendo la recomendación de la casera, nos acercamos hasta la Cocinería Norma, justo al lado del Mercado Municipal para probar el famosísimo «curanto«, un tradicional plato y forma de cocinar chilota, en la que, usando piedras calentadas en un hoyo con fuego se cocinan mariscos, carnes y legumbres. Al llegar al restaurante nos informaron de que no les quedaba ese plato… Y como teníamos más hambre que nadie en toda la isla, no quisimos buscar otro restaurante, así que nos conformamos pidiendo dos pailas marinas, pensando que sería como una sopa de marisco… ¡Ilusos! Nos trajeron dos platos en los que lo único marino eran mejillones de todos los tamaños (cholgas, choritos y demás nombres que aquí les dan), un trozo pequeño de pescado (creemos que era congrio) y otro molusco pequeño y rojo, el «piure», que, según los expertos sabe a yodo, según Tatiana sabe a spa. El caldo del plato (lo que nosotros habíamos imaginado como caldo de marisco) no era más que el agua que había soltado todo al cocinarse. El conjunto era un aguachirri con mejillones y olor a sábanas limpias. Nos comimos la mitad por educación, y nos fuimos de allí, previa discusión para pagar con tarjeta, porque la dueña del local pretendía que sacásemos dinero de un cajero nosotros con tal de que a ella no le cobrase comisiones el banco. En fin. No more paila for us, thank you!

Paila marina

Por la tarde salimos a descubrir la ciudad. Visitamos la Feria Municipal de Ancud, que no es otra cosa que el Mercado, donde se puede comprar desde pescado fresco hasta fruta, pasando por algas que no habíamos visto en la vida, mucho menos probado.

Llegamos hasta la Plaza de Armas, donde curioseamos la historia de las esculturas de los principales seres mitológicos de Chiloé, como el Trauco, un hombrecito feo y de poca estatura que, según la leyenda, asusta a las mujeres y las deja embarazadas con su aliento.

Pasamos por delante de la Catedral, que en ese momento estaba cerrada, así que pospusimos la visita, y recorrimos toda la costanera Avenida Savador Allende hasta llegar al Fuerte San Antonio, con su enorme muro de piedra y cañones de finales del siglo XIX, con una bonita panorámica del mar.

Día 2

El segundo día fuimos hasta la estación de buses Cruz del Sur para ir a Castro, la capital del archipiélago y la ciudad más grande del mismo. El billete nos costó 2.500$ por persona (si vas a la terminal Municipal cuesta la mitad de precio con alguna otra compañía local… Pero éso aun no lo sabíamos nosotros).

Fuimos directos a la Iglesia San Francisco de Castro, una de las 16 iglesias de madera que fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO el año 2000. La verdad es que es súper curioso para nosotros, acostumbrados a las impresionantes iglesias europeas, ver algo tan sencillo y bonito, todo construido en madera. Está ubicada justo en la Plaza de Armas.

Desde allí caminamos hasta el río para ver los famosísimos palafitos, coloridas casitas sobre pilares de madera en el agua que te regalan bonitas postales de Chiloé. ¡Puedes caminar hasta por debajo de ellos! Aunque no sé cómo de seguro es eso…

Siguiendo la costanera, llegamos a la Feria Artesanal y Mercado Campesino Lillo, un mercadillo al aire libre donde, además de artesanías y productos típicos chilotas, puedes conseguir comida o pararte en alguno de los restaurantes que lo rodean. Nosotros fuimos a por la opción más mochilera, así que por 2.500$/3,30€ compramos un ceviche de salmón fresco, bastante picante pero muy rico.

Después de comer teníamos la idea de movernos hasta Chonchi, otra de las ciudades importantes de Chiloé, así que fuimos hasta el centro para llegar a la Terminal Municipal de buses (id hasta ahí para cualquier desplazamiento; ¡los billetes son mucho más baratos que desde cualquier otra terminal!), y una señora a la que preguntamos nos indicó cómo llegar y nos recomendó visitar Achao en lugar de Chonchi, así que cambiamos de planes.

Por 1.800$/2,40€ y algo más de una hora después, transbordador para cruzar hasta la isla Quinchao incluido, llegamos a Achao, un tranquilo pueblecito frente de costa rodeado de cerros. Allí visitamos otra de las iglesias de madera consideradas Patrimonio de la Humanidad, de hecho, la más antigua de ellas, la Igesia de Santa María de Loreto de Achao. Caminamos por toda la costanera, perdiéndonos entre calles prácticamente desiertas, relajándonos con las vistas del lago y sus barquitos.

De vuelta a casa tuvimos que volver en bus a Castro, y allí tomar otro hasta Ancud, ya que no existe la opción de un trayecto directo. Una vez en la terminal, paramos en la oficina de turismo de la terminal de autobuses, para preguntar qué podríamos hacer al día siguiente.

Día 3

Siguiendo las recomendaciones de la chica de la oficia de turismo, ese día cogeríamos un bus por la mañana para ir a Chepu, ya que ese fin de semana organizaban su fiesta costumbrista, una muestra de la artesanía, música y gastronomía chilotas, y no nos queríamos perder algo tan auténtico.

El autobús lo cogimos en la Terminal Inter-Ru ral, que teníamos justo enfrente de casa, y en menos de una hora ya llegamos hasta la explanada donde tendría lugar la feria.

Como llegamos pronto y aun no había mucho ambiente, ni nuestras barriguillas pedían comida, nos fuimos a cotillear un poco por los alrededores, a preguntar por los atractivos turísticos de la zona.

Nos informaron de que podíamos navegar por el río Chepu hasta llegar al Muelle de la Luz, o tomar una pequeña locomotora de madera para llegar a un sendero que transita entre bosques nativos.

Elegimos la navegación por tiempo, dinero y porque ya nos habíamos hecho a la idea de que nos íbamos de Chiloé sin poder ir al Muelle de las Almas, y consideramos que ésta sería una buena alternativa.

Pagando 5.500$/7,30€ por persona (no, barato no era) un barquito te lleva por el río Chepu hasta Puerto Anguay (¡preparad las chaquetas para el paseíto!), desde donde, caminando unos 10 minutos por sendero de playa, llegas al Muelle de la Luz (precio de entrada incluido con el pasaje de la embarcación), una pasarela de madera que sirve de mirador. El sitio es muy bonito, a pesar de estar rozando el paripé a causa del turismo (uno de los trabajadores te acompaña hasta el muelle, y espera a que, pareja tras pareja se tomen fotos para él sacar una más de los dos).

Una vez de vuelta en la feria, con el ambiente mucho más animado, nos sentamos en uno de los muchos puestos de comida para pedir empanadas de marisco y de carne, un asado de cordero y una botella de vino tinto, todo para compartir. Fue, sin duda, uno de los días que mejor comimos en Chile. ¡Estaba todo tan bueno!

Tenemos que reconocer, aunque no estemos orgullosos de ello, que la comida nos salió gratis… Habían unas 15 trabajadoras en el puesto. Con suerte una de ellas trabajaba. Eso es algo que nos ha sorprendido en general del país. La gente parece estar más pendiente del móvil que de su trabajo. La cosa es que después de esperar como 20 minutos a que nos atendiesen, siendo los únicos clientes, conseguimos pedir la comida y pedirles que nos cobrasen al momento. Otros 20 minutos después decidimos sentarnos y comer, en vista de que a nadie le interesaba decirnos cuánto debíamos. Tras acabar los suculentos platos y pedir la cuenta, se repitió la escena, con lo que decidimos que nos levantábamos y nos íbamos. Yo creo que a día de hoy todavía no se han dado cuenta de que se les fueron dos clientes. Mu fuerte.

Tras la huida, nos pusimos a hacer dedo para volver una casa, y una majísima pareja mayor de ingleses (¡con mejor español que nosotros!) nos recogió y nos estuvieron contando su viaje. ¡De mayores queremos ser como ellos!.

Ya en casa de Patricia, nos comentó que esa tarde iría toda la familia a la Catedral de Ancud, porque justo era el cumpleaños de uno de sus hijos, fallecido hacía pocos meses, y querían conmemorarlo todos juntos. Decidimos que nosotros queríamos formar parte también, así que asistimos a la misa diaria, donde el simpático obispo de Chiloé dirigió unas sentidas palabras a la familia al finalizar la misa.

Fue una bonita manera de acabar nuestros días en la Isla Grande.

TAGS

LEAVE A COMMENT

UNPARDENOMADAS
Barcelona

Hola! Somos Tati y Oscar. Una joven pareja que un día decidió unir sus caminos con un mismo propósito... Explorar todos y cada uno de los rincones de este maravilloso planeta llamado Tierra

Buscar