que ver en Buenos Aires
Argentina

4 días en Buenos Aires

on
29 enero, 2019

El primer destino de nuestra gran aventura empezó aquí, en la capital argentina.

Ambos habíamos escuchado que era preciosa, así que no dudábamos en querer pasar unos cuantos días aquí, que al final nos acabaron sabiendo a poco, así que, si estáis planeando venir por Buenos Aires, creemos que alrededor de 6-7 días sería perfecto.

Día 1

Contando con que habíamos salido de casa un lunes a primera hora de la mañana y llegábamos al Aeropuerto Internacional Ezeiza al mediodía del martes, tras 10 horas de escala en Londres… Sí, estábamos bastante destrozados y con ganas de llegar al que sería nuestro hogar durante 4 noches.

Lo primero que hicimos, después de pasar el control de pasaportes y recoger las mochilas, fue sacar efectivo en uno de los ATMs (cajero automático) del aeropuerto. ¡ERROR!. Retiramos 8.000$ y nos cobraron 202,58€. Los bancos argentinos se llevan una comisión de unos 10€… Así que recordad venir directamente con dinero en efectivo para cambiarlo una vez en el país o, si os veis obligados a sacar dinero de un cajero, retirar la máxima cantidad posible, para que al menos la comisión duela menos.

Tarjeta SUBE transporte Buenos Aires Argentina
Tarjeta SUBE

Después compramos por 50$ un par de tarjetas SUBE, el ticket con el que puedes viajar por 37 localidades argentinas en colectivo (bus), subte (metro) y tren, y que puedes recargar en máquinas o en kioskos.

El alojamiento lo habíamos reservado meses antes con Airbnb. Un pisito ubicado a 5 minutos a pie del Obelisco, en la avenida Corrientes, con un precio inmejorable: 50,70€ por 4 noches. Peeeero… No lo recomendamos en absoluto. Sucio es poco. Con deciros que preferíamos dormir dentro del saco que rozar las sábanas…

Por si fuera poco, comenzó a diluviar de lo lindo, pero como no íbamos a dejar que nada nos chafase el primer día en Buenos Aires, siguiendo la recomendación de Pep, un amigo de Oscar que también estaba de viaje por Sudamérica, fuimos a la Heladería Cadore, a 10 minutos caminando del piso, y nos consolamos con los mejores helados que hemos probado en nuestra vida… ¡Qué cosa más rica, por favor! Pedimos una tarrina de 1/4 de kg cada uno (sí, somos unos gordos). Oscar de dulce de leche con nueces, tiramisú y mousse de chocolate, y Tatiana de dulce de leche con nueves (se nota que nos encantó, ¿no?), chocolate almendrado y mango-naranja, y nos costó 140$ cada uno.

Y para finalizar el día, paramos en el Carrefour Express de la misma avenida Corrientes, y nos compramos un par de ensaladas para cenar. Nada baratos los súpermercados, por cierto. No para el nivel salarial del país, ni para un par de nómadas como nosotros.

Día 2

El segundo día amaneció con sol radiante y salimos temprano a la calle, con ganas de comernos la ciudad, pero pasando antes por un McDonalds para desayunar algo. Casi todos los restaurantes de comida rápida (de los que está llena la ciudad) ofrecen ofertas mañaneras. Café con leche con 2 croissants (o facturas o medialunas, como allí los llaman) por 50$, y si eres más de salado y te decantas por un bocadillito, sube a unos 70-90$.

Comenzamos nuestra mañana por el barrio de San Telmo, el más antiguo de la ciudad, que forma parte del casco y patrimonio histórico. Es conocido por su feria de antigüedades o «mercado de pulgas», que tiene lugar cada domingo de 10 a 17 en la Plaza Dorrego. Nosotros nos quedamos con las ganas de verla, ya que sólo estaríamos en Buenos Aires de martes a viernes.

Lo que sí vimos fue la esquina de Mafalda, y es que, para el que, como Tatiana, no lo supiese, esta famosa historieta es más argentina que el asado, y en esa misma calle vivió Quino, su dibujante, por lo que han colocado un banco con una escultura de la famosa niña y sus amigos.

Siguiendo la calle Defensa, visitamos también la modesta Basílica de Nuestra Señora del Rosario y Convento de Santo Domingo, y llegamos a la Plaza de Mayo, la más antigua de la ciudad, que rinde homenaje con su nombre a la Revolución del 25 de mayo de 1810, y en cuyo entorno se encuentran la Casa Rosada, actual Sede del Poder Ejecutivo de Argentina, la Catedral Metropolitana, donde se encuentra el mausoleo del general José de San Martín, y el Cabildo de Buenos Aires, con su interesante museo gratuito que da a conocer el pasado argentino.

Después de tanta visita, el hambre comenzaba a llamar a la puerta, y gracias a TripAdvisor, localizamos «La Morada«, un curiosísimo restaurante de comida autóctona ambientado como un museo retro, donde comimos 2 empanadas (queso y cebolla / panceta, queso y ciruela), 2 mini tartas (zapallita y queso / calabaza y queso), 2 ensaladas y 1 cerveza Quilmes por 465$. Lo recomendamos, sí señor. Tanto por la comida como por el amable servicio.

Continuamos recorriendo la Avenida de Mayo hasta la Plaza del Congreso, donde nos maravilló la belleza del edificio principal, el Palacio del Congreso de la Nación Argentina, del que habíamos leído que podía visitarse de manera gratuita, pero una señora nos comentó que con el cambio de Gobierno, esto ya no era así.

Con este imprevisto, aun nos sobraba tiempo para acabar de aprovechar el día, así que cogimos el bus 67 y nos plantamos en el Parque Tres de Febrero, más conocido como Bosques de Palermo, donde paseamos por su precioso Rosedal junto al lago.

De vuelta a casa, después de caer en la tentación de nuevo de la Heladería Cadore, nos topamos con el descubrimiento que hizo felices a nuestros bolsillo y monederos: la comida por peso.

Al parecer en Argentina desde hace algunos años existen restaurantes que ofrecen comida en servicio tipo buffet, a precios escandalosamente bajos, que se paga por peso.

DeliWokexpress, en la Avenida de Mayo fue nuestra salvación de cena. No es la comida más sabrosa del mundo, ni muchísimo menos, pero pagamos 200$ entre los dos… Nada más que añadir, señoría.

Día 3

Oscar se moría de ganas desde el primer día de visitar el barrio de La Boca, uno de los barrios más precarios y típicos de Buenos Aires. Así que hoy no podíamos perdérnoslo. Cogimos el bus 29 y en 40 minutos estábamos allí.

Desde el primer momento en que pisamos la calle Caminito, la principal, nos encantó. Es un barrio colorido, pintoresco y lleno de vida. Lo recomendamos muy mucho, con sus llamativas casitas de chapa y el ambiente a tango y artistas callejeros que se respira.

Es cierto que cada vez se está convirtiendo en un lugar más turístico, y que no está de más andarse con ojo con bolsos y mochilas, ya que cuando cae la noche es uno de los barrios más peligrosos de la ciudad; pero vale la pena verlo (de día).

En una de las esquinas no nos resistimos al olor del choripan (ni al desparpajo del cocinero) de uno de los puestos callejeros de comida, y compramos un par con una Quilmes por 150$ cada uno.

Seguimos callejeando por allí, entre esculturas de Messis, Mafaldas y Maradonas, hasta llegar a «La Bombonera«, el estadio del club de fútbol azul y amarillo al que da nombre el barrio.

Después cambiamos drásticamente de escenario, y en media hora con el bus 33 llegamos hasta Puerto Madero, un elegante y renovado barrio, situado frente a la bahía, repleto de rascacielos de oficinas y apartamentos de lujo, que rinde homenaje con sus calles y puente a las grandes mujeres de la historia argentina.

Allí cogimos comida por peso para llevar en Hot Express por la ridícula cantidad de 90$, ya que después de las 15:00 el precio (ya de por sí bajo) se reducía un 50%. Una ganga, vamos.

Paseamos hasta la Reserva Ecológica de Buenos Aires, el mayor espacio verde la ciudad, ubicado en la costa del Río de la Plata, y nos pusimos en marcha hacia casa, no sin antes volver a pecar, por tercer día consecutivo, en la Heladería Cadore.

Día 4

Si al último día en Buenos Aires (o penúltimo según se mire, porque el vuelo lo teníamos a las 8 de la mañana siguiente) tuviésemos que ponerle un título, sería sin duda «Cómo perder un día gracias a Movistar».

La historia resumida es que cada mañana habíamos ido de tienda en tienda Movistar (esto os lo había ahorrado leer) intentando comprar una tarjeta SIM o chip como lo llaman aquí, para poder tener acceso a Internet desde el móvil, y en cada ocasión había un problema: o teníamos que volver más tarde, o no tenían más chips, o teníamos que pagar (y sabíamos que era gratis), o debíamos dirigirnos a otra tienda, o no tenían sistema y no tendrían en varios días… En fin.

Finalmente, dimos con una tienda en la avenida Córdoba, donde el chico por fin pudo ayudarnos, y acabamos el día en otro centro de Movistar de Recoleta Mall, donde finalizamos el trabajo (Tatiana tiene un móvil Xiaomi y al parecer hay que configurarlo con unos códigos manuales).

Aparte de todo eso, pudimos ver el Teatro Colón, considerado uno de los teatros líricos más importantes del mundo y paramos a comer en Café Paulín, un bar de estos de toda la vida, famoso por sus sandwiches (que tienen una pinta increíble), donde ofrecen menú ejecutivo por buen precio con cantidades copiosas y servicio amable.

Continuamos después por la avenida Callao y llegamos al Ateneo Grand Splendid, un antiguo teatro convertido desde el año 2000 en una de las librerías más grandes de América Latina y considerada la segunda más bella del mundo, que posee una espectacular cúpula pintada al óleo, que simboliza la paz tras finalizar la Primera Guerra Mundial. Un espectáculo de lugar, vamos.

Como el último día no podía ser menos… Volvimos a sucumbir a las delicias del Cadore. Ya avisé de que éramos unos gordos, no os quejéis.

Y con esto ya acaba nuestra corta pero intenta estancia en Buenos Aires, que nos había dejado con buen sabor de boca (probablemente a dulce de leche con nueces) y con ganas de más.

TAGS

LEAVE A COMMENT

UNPARDENOMADAS
Barcelona

Hola! Somos Tati y Oscar. Una joven pareja que un día decidió unir sus caminos con un mismo propósito... Explorar todos y cada uno de los rincones de este maravilloso planeta llamado Tierra