Argentina

4 días en El Chaltén

on
22 febrero, 2019

Día 1

Éste fue, sin lugar a dudas, el día más duro desde que había comenzado nuestro viaje.

Nos levantamos bien pronto, pensando que así sería más fácil que nos llevasen hasta El Chaltén. Caminamos hasta el puente de salida de la ciudad, y levantamos los pulgares… Y así los tuvimos durante más de 3 horas, con un viento que parecía querer arrancarnos del suelo y un frío que se iba colando bajo las capas de la ropa.

Finalmente una pareja de chilenas nos acercó hasta un desvío, donde pasamos otra media hora larga de más viento todavía, tiritando a pesar del sol. Otro señor paró y nos llevó hasta el Parador La Leona, donde esperamos el mismo tiempo en las mismas condiciones hasta que Pablo y su hijo Lucas nos llevaron con ellos, consiguiendo así sortear los 214 km que separan El Calafate de El Chaltén, en tres autos diferentes.

Es un pueblo pequeñito y realmente bonito (y caro, no vamos a engañarnos), ubicado dentro del Parque Nacional los Glaciares, rodeado de lagos y montañas.

Allí dormiríamos en el Hostel Pioneros del Valle, en la calle San Martín, la principal, donde pagaríamos 8€ por persona y noche, con el único inconveniente de ser el primer alojamiento desde que empezamos el viaje en el que le diríamos adiós a la intimidad y compartiríamos habitación en un cuarto mixto con cuatro personas más.

Esa noche decidimos que nos lo habíamos ganado, y salimos a cenar fuera. Siguiendo los comentarios de TripAdvisor, decidimos probar El Parador, un pequeñito restaurante abierto recientemente, donde también preparan comida para llevar. Nos encantó. Lo recomendamos muy mucho. Oscar pidió hamburguesa de cordero y yo un sandwich de cerdo ????. Compartimos además una empanada de carne al cuchillo que era de otro mundo. Mientras te traen una mini ensaladita de zanahoria y pepinillo en vinagre con pan y para amenizar la espera (y eso que son rápidos), el cocinero y dueño del local te trae en persona fotografías que él mismo ha hecho de la zona. Repetimos por si no lo habíais leído: nos encantó.

Día 2

En El Chaltén hay muchas propuestas de trekkings, que varían en duración y dificultad, para que cada uno pueda decidir qué hacer. Oscar está bastante más preparado que Tatiana (física y mentalmente), pero ambos sabíamos a lo que habíamos venido y tocaba apechugar.

Decidimos hacer el sendero que lleva hasta la Laguna de los Tres, el trekking por excelencia del lugar.

Es una excursión de dificultad medio difícil y unas 8 horas de duración. Son 25 km en total, y comienza en el mismo pueblo. Los primeros kilómetros, una hora y media aproximadamente, son ascendentes, pero nada descabellado, y el resto del sendero es bastante plano y sobre todo, bonitom pasando por la laguna Capri. Todo fantástico, hasta que llega el último km… Sí, ése en el que piensas, «va, que ya llegamos, que llevamos 9, queda sólo 1, y no ha sido pa’ tanto»… Pues queda exactamente lo más duro del camino. Una hora de sufrimiento. Un desnivel de 400 metros. Vamos, como subir de la playa al Tibidado (palabras textuales de Oscar).

Así que mientras uno iba saltando como una cabra, más feliz que un niño, la otra iba quejándose y con cara de que ése era el último trekking que pensaba hacer en lo que le quedaba de vida.

Pero el esfuerzo vale tannnnto le pena cuando llegas al final… Creo que viendo la foto, no hay mucho más que podamos añadir nosotros. Tan solo recomendar que bajéis hasta la orilla (aunque el cansancio os pueda) y que, después de un merecido descanso, subáis la pequeña cuesta de la montañita de la izquierda, que no cuesta nada, y te ofrece las impresionantes vistas de la Laguna Sucia (no entendemos el por qué del nombre, con las aguas tan azules que tiene). Desde allí vimos a un precioso zorro que saltaba entre las piedras, sin inmutarse por nuestra presencia.

Ya de vuelta en el hostel lo único que nos apetecía eran una ducha caliente y cenar.

Día 3

Nos habíamos decidido a hacer trekkings más de un día y pensamos que querríamos algo más corto, y tal vez de menor intensidad, así que partimos hacia la Laguna Torre, que también comienza en el mismo pueblo.

Esta vez la caminata fue más llevadera que el día anterior. Es sólo un poco más corta, con 21 km en total, pero la dificultad es media fácil, con lo que en unas 6 horas la puedes completar.

Aunque tenemos que reconocer que Tatiana salió de casa pensando que iba a ser un camino de rosas, y el día pasó entre sus quejas y los ánimos de Oscar (pobre lo que le toca aguantar a veces). Sea como sea, al llegar al lago con el glaciar Torre de fondo y los témpanos de hielo que se han desprendido flotando, el esfuerzo queda más que compensado.

El camino no es quizás tan bonito como el trekking al Fitz Roy, con lo que se hace algo más pesado, pero si pasais varios días en El Chaltén, es una de las rutas imprescindibles.

Nosotros la vuelta la hicimos bastante rápida, en parte porque las piernas ya se nos quejaban por los dos días seguidos de trote, pero la verdadera razón eran los dos vasos de leche bien fría y las pastas con dulce de leche que nos estaban esperando en casa.

Día 4

El último día la debilucha de la relación pidió una despedida no muy bestia, por favóh.

Así que nos decidimos por el sendero que llevaba hasta el Chorrillo del Salto, un recorrido de 7 km en total, y no más de 2 horas de duración que transcurre por un bosque de ladera hasta llegar a una cascada natural de 20 metros de altura, donde el sol y la tranquilidad nos invitaron a sentarnos a leer después de comer unos ricos tuppers de arroz con atún y tortilla. Así, sí.

Después volvimos al hostel para recoger las mochilas y asearnos un poco, porque esa misma noche cogeríamos un bus de, nada más y nada menos que 23 horas (habeis leído bien… 23 horas), que nos llevaría hasta San Carlos de Bariloche, a más de 1.350 km de distancia.

En el pueblo hay dos compañías que ofrecen este viaje: Taqsa y Chaltén Travel. Ambos parecen, tardan y cuestan exactamente lo mismo: 3.750$ por persona, unos 90€… Una burrada, lo sabemos, pero era eso o coger un vuelo que nos costaba aun más, ya que nos dijeron que a partir de ahí era muchísimo más complicado hacer dedo.

Nosotros nos decidimos por Chaltén Travel por la única razón de que el bus partía una hora antes (¡contra antes saliésemos antes llegaríamos!) y porque nos explicaron que daban una vianda (lo que en España se conoce como picnic o bolsa de almuerzo), y que acabó consistiendo en dos empanadillas grasientas y encebolladas, un brick pequeño de zumo y una galleta de limón bañada en chocolate. Sabía mejor de lo que suena, pero era más snack que cena.

Juramos que el viaje fue mejor de lo que esperábamos.

TAGS

LEAVE A COMMENT

UNPARDENOMADAS
Barcelona

Hola! Somos Tati y Oscar. Una joven pareja que un día decidió unir sus caminos con un mismo propósito... Explorar todos y cada uno de los rincones de este maravilloso planeta llamado Tierra

Buscar