4 días en Puerto Iguazú

Argentina
on
1 febrero, 2019

Si hay un lugar en el mundo que sin duda puede dejarte con la boca abierta, ese es Iguazú. Quizás tiene las cataratas más hermosas del planeta (con permiso de las Victoria y las del Niágara)


Día 1

¡Madrugón bueno! Tocaba levantarnos antes de las 6:00 de la mañana para coger el bus 45, que en menos de 1 hora nos dejaría en el Aeroparque Jorge Newbery, desde donde tomaríamos un vuelo en dirección a Puerto Iguazú.

Aunque Buenos Aires nos había gustado, no nos costó nada decirle adiós a ese pisillo cochambroso, y es que además estábamos tan ilusionados por ver las cataratas, que hasta madrugar valía la pena.

El vuelo duró unas 2 horas, y aterrizamos en el Aeropuerto Internacional de Puerto Iguazú, el más sencillo de los que habíamos estado ambos hasta la fecha.

Nada más salir por la puerta, los letreros de una oficina ya nos informaban de nuestras opciones para llegar al centro de la ciudad: bus 200$ por persona o taxi por 700$.

El bus resultó ser una van, típica para servicios de transfer, que nos llevó hasta la parada la Guadalupe, que quedaba a dos calles de nuestro alojamiento (mención especial al calor exagerado que hacía).

Esta vez también reservamos por Airbnb pero… ¡Qué diferencia con Buenos Aires! Llegamos hasta la calle Salta número 117, y allí nos recibió Carlos, el anfitrión, y dos preciosos perretes, León y Oso. Él fue súper atento y educado mostrándonos cómo podríamos llegar a las cataratas y explicándonos qué más visitar por allí, dónde podríamos ir a comer o a comprar, y sin ni siquiera haber preguntado nosotros.

  • Habitación
  • Baño
  • Cocina

El piso estaba muy limpio, con aire acondicionado que nos salvó la vida, y todo lo que necesitábamos para pasar allí 3 noches fantásticamente bien.

Siguiendo su consejo, fuimos al restaurante Doña Ana, de comida por peso, y por 400$ comimos, con cerveza incluida, y después pasamos por el Mini Market de la calle Jujuy para llenar un poco la nevera.

A las 19 y algo nos encaminamos al que, según el propio Carlos, era el segundo atractivo turístico de Iguazú, después de las cataratas: el Hito Tres Fronteras, un mirador situado en la confluencia de los ríos Iguazú y Paraná, desde el que se puede ver la costa de Paraguay y la de Brasil (de ahí el nombre).

Hito de las 3 fronteras

Cada una de las tres costas tiene un pequeño obelisco similar pintado de los colores de su bandera, y en el de Argentina tiene lugar cada noche a las 20:00 un espectáculo de agua, luces y música, en el que se distinguen proyectadas en el agua las figuras de bailarines al son de la música tradicional de cada país.

Además, tiene lugar en el mismo lugar, también a diario, una feria de artesanos, donde puedes comprar desde recipientes para tomar mate hasta imanes de nevera o zumos de frutas.

Es algo curioso de ver, y merece la pena ir hasta allí, aunque sea sólo por decir que has estado viendo tres países a la vez. ¡Eso sí! Mejor que llevéis una linterna, porque en Puerto Iguazú las farolas brillan por su ausencia, y aun que es un pueblito de lo más seguro, mejor saber por donde pisáis.


Día 2

Amanecimos bien contentos, sabiendo lo que íbamos a ver hoy, y después de tomar el desayuno, caminamos 25 minutos hasta la Estación Central de Autobuses de Puerto Iguazú. Si quieres ahorrarte el paseíto, hay un bus que por 25$ te lleva allí, pero a nosotros nos apetecía estirar un poco las piernas y echarle un ojo al pueblo.

En las taquillas, donde a había cola, compramos 2 tickets de ida y vuelta para ir al lado brasileño de las Cataratas de Iguazú por 260$ por persona, que sólo puedes pagar en efectivo.

Desde allí el bus pone rumbo a la Aduana argentina, donde todos deben bajar para sellar el pasaporte, conforme estás saliendo del país, y se repetirá la mismo al llegar a la Aduana brasileña, para dar constancia en sello de tu entrada a Brasil.

Una vez llegas al parque, puedes ir directo a las taquillas a comprar tu entrada o, si vas a pagar con una tarjeta con chip, puedes evitarte esto comprando el ticket en unas máquinas azules que encuentras a la izquierda de la entrada. El precio es de 65 reales por persona, o 67 si decides donar 2 reales a la conservación del parque.

Entrada en mano, nos tocó ponernos a la cola de una multitud enorme que esperaba el bus, ya que la visita debe hacerse sí o sí con el transporte propio del parque, para trasladarte de un lugar a otro. Primera y segunda parada son el acceso a excursiones adicionales, que se pagan por separado. La tercera es un mirador, situado delante de un hotel, y es donde debes bajarte para comenzar a alucinar.

Desde el minuto uno las vistas son impresionantes. Te quedas maravillado ante el espectáculo natural que tienes delante de los ojos… De verdad, es algo asombroso.

Así continúas durante todo el trayecto, embelesado, incapaz de plasmar en las fotografías la imponente belleza de las cataratas.

La visita acaba caminando por un puente en el que, la cercanía a la caída de agua y el aire haces que acabes bastante salpicado de agua. Como hace calor, casi que se agradece, pero si preferís evitar esto, basta con llevar un chubasquero.

También conocimos a los coatíes, unos animalillos monísimos que van por el parque buscando comida, y que son tan tiernos que no podrás evitar pararte un rato a mirarlos y fotografiarlos. ¡No les des comida! Hay carteles por todo el parque avisándolo, pero la gente lo hace igual… Y cuidado, porque son bastante bribones y te la intentan robar.

En total la visita no dura más de 2-3 horas, y es recomendable hacerla prontito por la mañana, si queréis evitar colas y brasileños gritando.

Después recomiendan visitar también Casa das Aves, un centro de recuperación y conservación de aves, que está ubicado casi al lado; se puede ir a pie.

Nosotros no fuimos muy previsores, y llegamos tarde y sin comida, así que nos tocó volver a casa, después de volver a pasar por el proceso de sellados en ambas aduanas.

Por la noche volvimos a caminar hasta Hito Tres Fronteras, pero esta vez alguien anunció que el espectáculo se retrasaba una hora, así que preferimos volver tranquilamente a casa, y descansar para madrugar al día siguiente.

Día 3

Repetíamos cataratas, pero esta vez desde el lado Argentino. Habíamos leído que valía mucho la pena visitar ambas partes, y Carlos, el anfitrión, nos recomendó hacerlo en ese orden.

Caminamos hasta la esquina de Avenida Tres Fronteras con la calle Jujuy, donde debíamos esperar el bus de la empresa Río Uruguay, que comenzaba a funcionar a las 7 de la mañana y había uno nuevo cada 20 minutos. El billete cuesta 260$ en efectivo, por persona, y en no más de media hora llegamos al parque, donde se abonan 700$ por persona en tarjeta o efectivo.

No queremos sonar muy «mamás», pero recomendamos muy mucho llevar agua, comida (las opciones de restauración no son baratas), crema solar y gorra.

Una vez pasada la entrada, caminas hasta el primer puesto de información, donde si tienes suerte te dan un mapa, si no te dicen que te descargues una app (no muy últil si no tienes internet en el móvil, porque sólo hay wifi en puntos estratégicos del parque). Allí puedes también coger un trenecito que te lleva hasta el inicio de los senderos, y tiene de media unos 30 minutos de espera, y luego tarda unos 10 más, o caminar 20 minutos hasta el mismo punto… Sí, nosotros elegimos no esperar e ir a pie.

Desde allí parten el sendero inferior y el sendero superior. Los recorrimos por este orden, y tienen una duración de una hora aproximada cada uno, parada para hacer fotos incluida.

Hasta aquí parece que el lado brasileño es más impresionante.

Una vez terminados ambos caminos, hay otro trenecito, también con cola de espera que te lleva hasta el inicio del sendero hacia la Garganta del Diablo. Cómo no, también hay atajo a pie, e unos 30 minutos de duración. Es un camino muy bonito, bordeando las vías del tren, con árboles a cada lado y un sol de justicia, eso sí, donde puedes ver centenares de mariposas. Es imposible no pararse a fotografiar sus llamativos colores.

Llegas a la parada del tren, donde hay mesas, un restaurante, aseos y hasta unas duchas exteriores. Allí nos paramos a comer nuestro tupper, mientras los coatíes, ya no tan monos, se dedicaban a subirse a donde pillaban, con tal de robarte la comida a toda costa. Y hablando de monos! También los había 🙂

Y a partir de ahí empieza lo bueno. Caminas durante 1 km aproximadamente y llegas a la Garganta del Diablo, un imponente conjunto de cascadas de más de 150 metros de longitud y una caída de 80 metros de altura. Es un espectáculo visual que deja sin palabras.

Visto esto, ya puedes morir en paz, y desde luego no hay cabida para la duda de qué parte es más impresionante para ver las cataratas. Así que si nos preguntaseis «¿vale la pena visitar ambos países?», la respuesta es sí; pero si solo tenéis tiempo o presupuesto para uno, sin duda, Argentina wins.

Día 5

Nuestro último día en Puerto Iguazú había llegado… Nos daba verdadera penita irnos. Estábamos muy a gusto en la ciudad y nos encontrábamos verdaderamente a gusto en casa de Carlos.

Teníamos el vuelo por la noche, pero el piso no estaba reservado hasta dentro de unos días, así que nos permitieron prolongar el check out hasta última hora del día.

Había llegado la hora de lavar la ropa. Sería nuestra primera colada desde que emprendimos la aventura, y nuestros anfitriones nos ofrecían hacerlo ellos, en lavadora y secadora, por 150$.

Tras el desayuno, caminamos hasta la estación de buses para coger el que iba camino de cataratas, pero esta vez nuestro destino era otro: Guirá Oga.

Como el segundo día nos habíamos quedado con ganas de visitar Casa das Aves en Brasil, buscamos una alternativa y encontramos este refugio de animales salvajes, en el que rescatan, rehabilitan e intentan reinsertar de nuevo en su hábitat a las especies que allí viven.

Es una visita amena, interesante e instructiva, que cuesta 200$ por adulto, dinero que va exclusivamente dedicado a la conservación del parque y el cuidado de los animales, ya que es la única fuente de ingresos, ya que no cuentan con ayudas del estado.

Y tras ducha, siesta y cena, nos dirigimos al punto de recogida de nuestro transfer, con el que habíamos acordado vía Whatsapp (el bus del primer día nos proporcionó el número) que pasarían a buscarnos a las 9, y pagando 200$ en efectivo por persona, nos llevó hasta el aeropuerto.

Ahora solo nos esperaba un vuelo hasta Buenos Aires, donde pasaríamos la noche y media mañana en el Aeroparque, hasta nuestro siguiente destino. ¡Vamoh allá!

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