5 días en Puerto Madryn

Argentina
Puerto Madryn
on
3 febrero, 2019

Puerto Madryn es una ciudad situada en el lado oriental de Argentina. Cómo localidad tiene el encanto de ser un lugar marítimo con un largo paseo al lado del mar. Pero lo que la hace realmente interesante, es su cercanía a la Península de Valdés. ¡¡Bienvenidos a la Patagonia!!

Día 1

Después de una interminable escala de 10 horas en el Aeroparque Jorge Newbery de Buenos Aires, durmiendo en el aeropuerto al más estilo okupa, llegamos al Aeropuerto El Tehuelche.

Aprovechamos esto para decir que NO viajéis con Andes Líneas Aéreas si tenéis opción de elegir otra, y si lo hacéis, leed bien la letra pequeña… Es la típica aerolínea que se las da de lowcost, y acaban metiéndotela doblada. Te hacen pagar 200$ por persona por hacer el check in en persona. Te envían un email el día antes del vuelo, sugiriéndote hacerlo online. Hasta ahí todo bien. Nosotros pensamos «pa qué, si tenemos que facturar mochilas anyway, ya lo hacemos directamente allí». Pues toma castaña. Resulta que si no lo haces anticipado a través de web, entre 12 y 3 horas antes, te toca apoquinar, y sin que nadie te haya avisado.

Una vez aterrizados en Puerto Madryn, no existe transporte público para ir al centro de la ciudad, así que la única manera es ir en taxi. A nosotros nos costó 435$ hasta el alojamiento que habíamos cogido a través de Airbnb, a 25 minutos caminando del centro.

Para ambos era la primera vez que reservábamos una habitación privada dentro de una casa, y de entrada nos resultó algo incómodo el sentirnos unos intrusos en el hogar de otros, pero Silvina, la anfitriona, y su simpática perrita Canela nos hicieron sentir a gusto desde el principio. Con un descuento de 20€ aplicado, nos salieron las 5 noches a 66,17€. Un precio de risa para lo que cuesta dormir por la zona.

Una vez acomodados en el cuarto, y con la compra hecha en el súper (pensábamos ahorrar lo máximo posible) estuvimos vagueando un poquillo y viendo Peaky Blinders hasta que nos dormimos.

Día 2

Nos encaminamos por la mañana hasta el centro, para conocer un poco la ciudad, y entramos a la Secretaria de Turismo de Puerto Madryn, en la Avenida Julio Argetino Roca número 223, y nos atendió un chaval muy majo, que no explicó los diferentes atractivos turísticos de la zona. Sabíamos que queríamos visitar Península Valdés y Punta Tomba, pero ambos estaban alejados, y la opción de contratar un tour carísimo no entraba en nuestros planes, así que nos informamos también de los precios de alquiler de coche, y después de comparar varios, nos decidimos por Avis.

La oficina de Avis se encuentra en la misma avenida, en el número 493 y, a pesar de que esta agencia no es mundialmente conocida por tener los mejores precios, aquí en Puerto Madryn es el más barato, con diferencia. Nos costó un Volkswagen up! (modelo que no habíamos visto en la vida) 3.965,34$ / 94,76€ por dos días.

Ya a cuatro ruedas nos dirigimos hacia la Reserva Provincial de Punta Loma, un área natural protegida donde habita una importante colonia de lobos marinos. Tuvimos mala suerte y llegamos pasadas las 18 horas, hora en la que al parecer cierran. Tardamos 30 minutos en llegar, por caminos de lo que ellos llaman ripio y nosotros conocemos como gravilla. Continuamos la carretera, queriendo ver un poco más de costa, y comenzó a llover… Al principio poco, después no tan poco. Empezaron a aparecer rayos y truenos, y decidimos que igual tocaba dar media vuelta. Así que volvimos, no pudiendo conducir rápido por el tipo de asfalto, diluviando, viendo como los rayos iban cayendo a nuestro alrededor, y, al hacer tanto viento, las piedrecitas del camino iban volando y golpeando el coche, recién cogido de la oficina de alquiler. Vamos, todo un show. No sabíamos si reír o llorar de pensar en cómo podía quedar la chapa, o si nos achicharraríamos de camino a casa.

Pero sobrevivimos, y cuando ya había dejado de llover llegamos al Ecocentro de Puerto Madryn, un precioso edificio ubicado frente al mar, donde el cielo nos regaló un arcoiris y un hermoso paisaje que fotografiar.

Pasamos por el monumento al indio Tehuelche y pusimos rumbo a casa.

Día 3

Con un buen madrugón, recorrimos 77 km con destino a la Península Valdés, una reserva natural declarada «Patrimonio de la Humanidad» por la UNESCO, donde destaca su maravillosa fauna. Desde allí pueden observarse animales como ballenas francas australes, orcas, delfines, lobos marinos, elefantes marinos, pingüinos de Magallanes, armadillos, zorros grises, lobos o guanacos.

Nuestro flamante coche

Nosotros fuimos en enero, así que no pudimos observar a las ballenas (ya han emigrado) ni a las orcas (no es fácil su avistamiento), pero disfrutamos del resto de especies, y, sinceramente, es un espéctaculo increíble. Lo recomendamos absolutamente, y creemos que es muy imprescindible pasar un día aquí.

La entrada cuesta 650$ por persona y 80$ más si vas con coche propio (unos 33€ en total, que te dejan pagar en tu propia moneda, siempre en efectivo), y la visita puede durar unas 9-10 horas (el lugar abre de 8 a 18 horas). Si vas con tour organizado el precio puede subir hasta 3.000$ en adelante, así que… hagan sus cálculos.

Guanacos en Península de Valdés

Pasado el puesto de control El Desempeño (donde se abona la entrada) hay unos 14 km hasta el Centro de Interpretación Istmo Ameginho, donde te informan qué parte es preferible visitar ese día, dependiendo de las mareas. Id pendientes del desvío hasta el centro, porque nosotros nos lo pasamos de largo… Y un par de coches más también.

Armadillo en Península de Valdés

Ese día nos recomendaron ir hasta Caleta Valdés, a 1 hora y media larga de allí por camino de ripio (gravilla), donde pudimos ver pingüinos, lobos y elefantes marinos. Es una pasada incluso el camino. Vas viendo guanacos y cruzándote con peludos (armadillos), mientras conduces por carreteras infinitas.

Comimos en un mirador en Punta Cantor, y subimos unos 55 km hasta Punta Norte, una colonia reproductiva de lobos (o leones) marinos donde quedamos inpresionados con sus crías, sus peleas entre machos y sonidos (y con su olor también, la verdad).

Continuamos hasta Puerto Pirámides, el único pueblo de todo el área protegida, con playa y centros de actividades turística, además de tienda de abastecimientos y gasolinera. Leímos que es más barato dormir aquí que en Puerto Madryn, y la ventaja es que una vez pasas el puesto de control y llegas a la Península, si te quedas a dormir en ella, puedes volver a visitarlo al día siguiente, sin tener que pagar nuevamente la entrada. Por lo tanto, si se quiere recorrer la parte norte y sur con calma, quizás es buena idea alojarse en Puerto Pirámides una noche.

Puerto Piramides

Como parada final fuimos a la Isla de los Pájaros, donde los fuertes vientos nos obligaron a no parar más de 15 minutos, y volvimos para casa, emocionados como niños por todo lo que acabábamos de ver.

Día 4

Hoy volvíamos a aprovechar el coche de alquiler y salimos de casa (no tan temprano como nos habría gustado, porque en la cama se estaba muy bien) con destino Punta Tombo, una de las principales colonias continentales de cría del pingüino de Magallanes.

Si pudiésemos volver atrás, habríamos invertido el orden de los días, es decir, el día 3 habríamos visitado Punta Tombo, y el día 4 Península Valdés. Por una sencilla razón: la colonia de pingüinos es mucho más impresionante. No a nivel paisaje, pero sí a nivel de fauna. Aquí caminas y tienes literalmente a los animales alrededor. ¡Si hasta hay una señal de ceda el paso a los pingüinos! La Península es preciosa de recorrer y disfrutar, pero tal vez no tan sorprendente.

Punta Tombo se encuentra a unas 2 horas y 45 minutos de Puerto Madryn, y los últimos 35 km son en camino de ripio. No hay transporte público para llegar allí, por lo que coche particular, remis (taxi) o tour organizado son las únicas opciones. La reserva abre a diario de 8 a 18 h.

La visita no dura más de 3 horas (parada para comer incluida). Primero llegas a un punto de acceso, donde se abonan 400$ o algo menos de 10€ por persona (debes pagar en efectivo y puede ser en tu moneda). A partir de ahí ya puedes retomar el trayecto en coche 5 minutos más e ir hasta la entrada, donde el guardafaunas te pide el ticket y te da acceso a la reserva.

Recorres a pie un camino de ripio mientras observas a tu alrededor a los pingüinos y los nidos que han ido construyendo. Es importante que no los toques, les cedas el paso y no intentes acercarte demasiado. Siguiendo el sendero llegas a una especie de mirador, desde donde puedes observarlos a lo largo de la costa, bañándose en el agua. Es un espectáculo digno de ver. Son tan torpes y graciosos, que no puedes dejar de mirarlos.

También tuvimos la suerte de ver nadar a una cría de lobito marino que pasaba por allí.

De vuelta a casa (estábamos igual o más ilusionados que el día anterior con lo que habíamos visto), paramos a dar una vuelta rápida por la ciudad de Trelew, y después tocó despedirnos de nuestro cochecito y devolverlo en la oficina. Es sí, lo habíamos aprovechado pero bien.

Día 5

Si hubiésemos tenido transporte propio un día más, sin duda nos habríamso acercado hasta Punta Loma (esta vez en horario de apertura), pero al no contar ya con ello, decidimos «tomarnos el día libre».

Por la mañana fuimos a la playa, que ya echábamos de menos estar tumbados frente al mar. Pero lo bueno duró poco. Aquí en Puerto Madryn uno despierta con un día despejado, sol radiante y un calorcito que reclama playa, y de repente un señor nubarrón se aposenta encima de tu cabeza y comienza a soplar un viento que viene a decirte: recoge y pa’ casa.

Y por la tarde estuvimos cocinando, recogiendo la mochila, contactando con amigos y familiares, y haciendo la segunda colada del viaje, ya que Silvina, la dueña del piso, tuvo la amabilidad de dejarnos usar su lavadora. Getting ready for our next adventure!

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